El Palacio de las Garzas o Palacio Presidencial es un símbolo de nuestra identidad Nacional y cuenta una historia que data de hace más de 300 años, cuando las autoridades locales abandonaron la antigua Ciudad de Panamá, destruida por las tropas del pirata Henry Morgan, en busca de un sitio que les permitiera estar resguardados ante futuros ataques.

Luego de establecer una sede temporal en San Juan Bautista, Penonomé, las autoridades, encabezadas por el Gobernador Fernández de Córdoba y Mendoza, decidieron ubicarse en el denominado Sitio de Ancón (actual Casco Viejo), donde planeaban construir una larga muralla con el fin de resguardarse de futuros ataques.

Ante el fallecimiento del Gobernador Fernández de Córdoba y Mendoza el 8 de abril de 1673, asumieron su cargo el obispo Antonio De León y el oidor Luis Lozada de Quiñones quienes continuaron el proyecto de construir la muralla.

Mientras se trabajaba en la confección de la larga muralla. Al mismo tiempo, Lozada construía su ostentosa mansión en 1673, de la cual fue removido tiempo después al ser acusado por miembros de la comunidad de hacer mal usos de los materiales de construcción destinados para la muralla, además de ser denominado una autoridad compulsiva.

Aquella mansión pasó a ser el hoy conocido Palacio de las Garzas. A pesar de que el edificio ha sido remodelado en varias ocasiones, siempre ha conservado aquel diseño colonial que lo hace imponente y que lo describe con un criterio elegante y sofisticado.

En  un comienzo, cerca de 1740, el Palacio de las Garzas fue sede de la oficina de Aduana. 16 años después, en 1756, el edificio fue blanco de un incendio que destruyó parte importante de su infraestructura.

Luego de ser restaurado, el Palacio de las Garzas fue usado como un depósito en 1821, también fue escuela normal de varones en 1872, Casa de Gobierno, sede del Banco Nacional, hasta ser designado Palacio Presidencial en 1875, a pesar de que aún en ese momento el Estado panameño formaba parte de Colombia.

En 1880, se empezó a ver más resplandeciente que nunca, y es que fue hasta esa fecha que el edificio contó, por primera vez, con luz eléctrica.

Se le denomina Palacio de las Garzas debido a un regalo de 2 garzas que le hizo el poeta Ricardo Miró al Presidente Belisario Porras en el año 1922. Desde ese entonces estas aves han sido las mascotas de la Presidencia.

Como toda infraestructura, el Palacio de las Garzas con el pasar de los años se deterioraba, por lo que en ese mismo año (1922), el Presidente Porras decide hacer una nueva restauración, pero esta vez incorporándole una segunda y tercera planta, además de remodelar el comedor presidencial, salón Amarillo y patio central.

Los trabajos realizados tenían el sello de uno de los arquitectos más reconocidos de aquella época, se trataba de Leonardo Villanueva-Meyer, quien se esmeró para dejar una infraestructura impecable sin perjudicar su atractivo.

La entrega de la remodelación se realizó el 3 de agosto de 1923 y en aquel entonces no sólo era ocupado por la Presidencia de la República, sino también por el Banco Nacional, que no se logró mudar del edificio sino hasta el año 1938.

Ese mismo año, el pintor Roberto Lewis atiende a una solicitud del Presidente Juan Demóstenes Arosemena, para decorar el comedor presidencial con murales pintados en óleo representativos de la historia y cultura de Panamá.

El edificio ha hospedado a los distintos Mandatarios de la República a excepción de los Presidentes Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso, Martín Torrijos, Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela.

En la actualidad, el Palacio de las Garzas sigue contando historias en el Casco Viejo de la Ciudad de Panamá, y desde allí, con una posición y vista privilegiada, se muestra ante cientos de turista que lo visitan cada año.

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